El cambio climático, el alza de fertilizantes y la falta de prevención están poniendo en riesgo la seguridad alimentaria en el Perú. No estamos hablando de un problema lejano ni futuro. Es una crisis silenciosa que ya empezó y que millones de familias comienzan a sentir en su economía diaria.
El Perú enfrenta hoy una realidad profundamente preocupante: producir alimentos es cada vez más difícil, más caro y más incierto. La combinación de eventos climáticos extremos, dependencia de insumos importados y obras de prevención que no avanzan está creando una tormenta perfecta para el agro peruano.
Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), existen más de 1,7 millones de unidades agropecuarias en el país. En la práctica, esto significa millones de familias cuya estabilidad depende de una cosecha que hoy está más expuesta que nunca. Cuando el agro falla, no solo pierde el productor: suben los precios, se afecta el empleo y se pone en riesgo la seguridad alimentaria de todos los peruanos.
Desde una mirada de gestión y planificación, resulta evidente que el problema no es solo climático. El verdadero riesgo está en seguir reaccionando tarde. El agro necesita lo mismo que nuestras ciudades: orden, estructura y anticipación.
Eventos climáticos más frecuentes y menos prevención
El Fenómeno de El Niño y las lluvias intensas ya no son excepciones. Son parte de una nueva realidad que exige preparación permanente. Cada hectárea que se pierde no es solo una cifra estadística: es trabajo familiar destruido, deuda acumulada y oportunidades que desaparecen en cuestión de horas.
Aquí está el gran desafío del país: dejar de actuar después del desastre y empezar a prevenir antes de que ocurra.
Fertilizantes caros, menos siembra y alimentos más costosos
A esta presión se suma el incremento sostenido del costo de los fertilizantes. La alta dependencia del Perú de insumos importados nos vuelve vulnerables a los cambios del mercado internacional.
Cuando los costos suben, los pequeños productores reducen sus áreas de cultivo, se endeudan o abandonan la actividad. Esto impacta directamente en la seguridad alimentaria nacional: menos producción significa alimentos más caros y menor acceso para las familias.
Obras que no avanzan convierten riesgos en desastres
Cada temporada de lluvias vuelve a evidenciar el mismo problema: infraestructura de prevención inconclusa o inexistente. No se trata solo de fenómenos naturales. Se trata de falta de ejecución, seguimiento y responsabilidad en la inversión pública.
Una obra que no se termina a tiempo no es solo un retraso administrativo. Es una comunidad que queda expuesta.
Propuestas concretas para anticipar la crisis
Frente a este escenario, la respuesta no puede ser más improvisación. Se necesita una estrategia clara de prevención y acompañamiento directo al productor.
- Entre las medidas planteadas está la implementación de auditorías mensuales a las obras de prevención agraria, para asegurar que los presupuestos se ejecuten correctamente y a tiempo.
- Asimismo, se propone un plan nacional de reservorios y manejo hídrico, que permita aprovechar las lluvias cuando son abundantes y reducir el impacto cuando se convierten en amenaza.
- A nivel ciudadano, una de las iniciativas clave es la creación de sistemas de alerta temprana en tiempo real para productores, incluso mediante herramientas accesibles como mensajes por WhatsApp, que permitan anticipar eventos climáticos y proteger cosechas.
Ordenar el agro es proteger el futuro del país
Proteger el agro no es una agenda sectorial. Es una decisión estratégica para garantizar estabilidad económica, precios accesibles y desarrollo sostenible.
La seguridad alimentaria comienza con planificación territorial. Si ordenamos el agro, anticipamos. Y si anticipamos, salvamos cosechas, empleo y el acceso de millones de peruanos a alimentos básicos.
El Perú no puede seguir esperando a que la crisis lo alcance.
La pregunta es clara:
¿Vamos a seguir reaccionando tarde o vamos a empezar a anticiparnos como país?